top of page

¿Estás viviendo en alerta?

Hay una diferencia sutil entre estar alerta y estar en presencia. A simple vista pueden parecer lo mismo. Desde afuera, incluso, pueden verse iguales. Pero por dentro, el estado es completamente distinto.


La alerta nace del aprendizaje del peligro. La presencia nace del contacto con uno mismo.


Muchas personas viven hoy en un estado de alerta permanente porque el cuerpo aprendió a vivir en ese estado de tensión permanente. Aprendió después de una pérdida, de una traición, de un robo, de una situación de riesgo, de un trauma pequeño o grande que dejó huella. Entonces el cuerpo y la mente observan más, anticipan, se tensan, se preparan para el peligro eminente. Se preparan para sobrevivir.



Vivir en alerta es habitar el mundo esperando que algo peligroso ocurra. Vivir en presencia es habitar el mundo disponible para responder cuando algo ocurre. Y no es lo mismo. La alerta mira hacia afuera todo el tiempo. La presencia incluye el afuera, pero no se desconecta del adentro.


Cuando estamos en alerta el cuerpo nunca termina de relajarse, la mente escanea posibilidades de peligro continuamente, el entorno se percibe como potencial amenaza y la energía está siempre dispersa, nunca en el momento presente.


En cambio cuando estamos en presencia el cuerpo puede relajarse, la atención está despierta desde la paz y la confianza interna, percibimos el entorno con tranquilidad y logramos tener respuestas ante el peligro desde un lugar más empoderado, porque disponemos de mayor energía que si estamos en alerta.


La diferencia no está en lo que sucede en el entorno, sino desde dónde lo vivimos.


A veces creemos que estar en presencia es bajar la guardia. Y no. La presencia es estar en el momento presente con lucidez, confianza y paz interior. Y vivir desde ese lugar, te empodera. Es poder caminar atento, disfrutando, sintiendo cada movimiento, observando tus emociones, tus pensamientos. Es registrar el entorno desde tu sabiduría, desde tu poder.


Después de vivir una experiencia intensa, muchas personas confundimos cuidarnos con "encerrarnos". Y es comprensible. El problema es que cuando el encierro se prolonga, deja de ser una estrategia de protección y sobrevivencia y pasa a ser un forma de limitarnos.


Y tú, ¿desde qué estado interno estás viviendo? Tú puedes cambiar tu forma de habitar el mundo. Las experiencias dolorosas o traumáticas se integran cuando el cuerpo vuelve a sentirse a salvo, cuando logras reconocer que hay una parte tuya que te cuida, te protege y es un sostén permanente.


¿Estás listo/a para habitarte distinto y recuperar tu poder?



 
 
 

Comentarios


bottom of page