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Comprar cosas que no necesitas (una forma de llenar tus vacíos emocionales)




Nací en Argentina y vivo en Chile desde el año 2006. Mis primeros años como inmigrante fueron duros. Todo me costaba. Era una odisea juntar el dinero para pagar el alquiler de los lugares donde vivía, la luz, el gas, etc.

Comprar ropa o salir era un lujo que estaba lejos de mi realidad.

Hoy, escribiendo este libro desde un escritorio en un hotel en Reikiavik (Islandia) reconozco que hay un abismo de distancia con esa realidad.


En esos primeros años conocí a Andrés, un hombre 33 años mayor que yo y que fue mi pareja durante un año y luego seguimos siendo amigos hasta su muerte en octubre 2022.

Con él aprendí muchas cosas, sobre todo, de cómo funciona la sociedad en Chile.

Una de las cosas que me enseñó era a esperar las ofertas para comprar.

En Chile, las ofertas realmente son ofertas. Hay tiendas que liquidan hasta con un 80 por ciento de descuento.

En los productos más costosos, como en los coches o las propiedades, se pueden encontrar ofertas entre un 5 al 10 por ciento.


Por esa época me pasó que un suéter que había comprado a “precio normal”, a la semana siguiente, estaba costando sesenta por ciento menos.

Me dio tanta rabia en ese momento que decidí hacer lo que Andrés me había dicho: siempre es mejor esperar a las ofertas para comprar.


Con los años me comenzó a suceder otra cosa: si esperaba a que estuviera en oferta, muchas, pero muchas veces, lo que quería ya se había agotado.

También me pasó que comencé a comprar ropa porque “estaba barata”.

Ropa que después no usaba porque me quedaba mal, no tenía con que combinarla, no era mi estilo o era demasiado ordinaria.

Llegué a tener varias prendas en mi vestuario que deseché con la etiqueta puesta.

También llegué a notar que en los momentos que más compraba cosas eran aquellos en los que estaba angustiada porque me sentía sola y desamparada.


Con los años y la terapia, he logrado ir reconociendo esos estados, que gracias a todo lo trabajado interiormente son casi inexistentes, y cuando los tengo, evito comprar en esos momentos.

Todo lo que se compras por necesidad emocional no trae felicidad y normalmente no lo usas.


Las ofertas son el momento ideal para llenar agujeros emocionales que tienes con “cosas baratas”, que después no usas y que generalmente no necesitas.


“Aprovechar” las ofertas para comprar cosas que no te sirven suena ridículo, pero a tu niño interno le encanta sentirse satisfecho de amor, y tu adulto interno cree que va a satisfacer la falta de amor con objetos materiales.


El problema está en que, al tiempito, y si, tiempito porque no llegar a durar ni días, vuelves a sentir la escasez emocional y te vuelve a surgir la “necesidad de comprar”.


Hace tiempo que he dejado de esperar las ofertas. Si hay algo que necesito, lo compro, sin importarme si está a precio normal o no.


Hace poco en esos “Black Friday” vi que había una secadora de ropa en oferta y también un refrigerador. Ya a punto de hacer el pago, me pregunté: ¿realmente los estoy necesitando? La respuesta fue no. Mi secadora de ropa y mi refrigerador están funcionando. Estaba comprando otros porque estaba en oferta y me “tenté”.


Las ofertas son tentadoras. Es cuando más se vende, sobre todo, aquellas cosas que no sirven para nada.

Puedes llegar a comprar cosas que jamás vas a usar o que ni te interesaba tener, pero las compras simplemente porque “están baratas”.

Observa la cantidad de dinero, tiempo y energía que usas comprando cosas que no necesitas, y que si hubieran estado a un precio “normal” no las hubieras comprado.


Antes de comprar, siempre pregúntate si realmente lo necesitas. Te vas a dar cuenta de la cantidad de tiempo, dinero y energía que ahorras con esta pregunta.

No te vas a volver más pobre comprando “a precio normal”, todo lo contrario, tu prosperidad se verá incrementada.


Las marcas de lujo o exclusivas rara vez hacen liquidaciones, y si lo hacen, vas a encontrar que es muy poco el descuento y solo en algunos productos.

Ellos saben que cuanto más costoso sea algo, más valioso será para sus clientes y tienen tanta seguridad en eso, que sus productos, por más costosos que sean, son comprados.


Si cuando vas a comprar algo, justo está en oferta, agradécele a la vida esa experiencia. Tómalo como un regalo de la vida que te hizo gastar menos de lo que pensabas.


Aquí lo importante siempre es ir hacia el equilibrio. No rechaces ofertas, pero tampoco te vayas al extremo de comprar cosas por el simple hecho de que están más baratas o a esperar que estén en oferta para comprar sin pensar si lo quieres o lo necesitas en ese momento.


Muchas veces, detrás de la búsqueda de la oferta, está la creencia de que “no puedes” y también otra creencia muy cultural y limitante de que “te estafan” con los precios.

Si crees que “los otros” se llenan de plata con tus compras, esa creencia lo único que hace es limitar tu propia abundancia. Y además, ¿qué tiene de malo que alguien gane dinero vendiéndote algo que te gusta, necesitas y estás dispuesto a pagar?


Esa creencia tiene tu raíz en que tener dinero está mal o que tener dinero se logra engañando, robando o abusando de otras personas.

Que hay casos en que, si es así, es verdad, pero no es la regla universal.


Además, si tú actúas sabiendo que engañas o sólo haces las cosas por dinero, nunca vas a obtener el mejor resultado. Recuerda que “los resultados para la felicidad” son:


- Sentir paz interior

- Tener salud

- Estar en armonía en tus relaciones

- Disfrutar de poseer prosperidad financiera

- Amar lo que haces

- Vivir tranquilo y en un lugar que te guste

- Tener conexión con tu espiritualidad


Buscar estos resultados será una gran guía para tu vida. Tener dinero no es tener abundancia ni paz interior.


Observa y analiza en qué energía estás sustentando tus compras en oferta.

Compra realmente cuando algo sea necesario en tu vida. Recuerda que muchas veces “lo barato sale caro”, porque comprar barato para no usar, es lo más costoso que para tu prosperidad financiera puede haber.


Amo comprar cosas “intangibles” y/o momentos que me llenan el alma (y que en definitiva me voy a llevar) como entradas para el teatro, el cine, cursos, conferencias, invitaciones a eventos, viajar y comer en restaurantes o comprar algo rico para compartir con mi familia o amigos.


Hay una frase que me enseñó mi hermana Claudia, que uso cada vez que estoy con “necesidad de comprar” y que recito como un mantra: ¿lo quiero o lo necesito? Si lo necesito, lo compro. Si solo lo quiero, me hago el planteo de para qué, y normalmente termino no comprando.

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