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Lo barato sale caro


Si hay algo por lo que hemos discutido con mi amigo Francisco es por la compra de carne para asado.

A los dos nos gusta comer carne a la parrilla, y sobre todo, la buena carne.

Pero al momento de comprarla es un todo un tema, por mi parte busco algún corte que me guste y que tengo un valor que pueda pagar, y él, busca el más barato, sin importar el tipo de corte que sea.

Es más, muchas veces compra carne en oferta, que termina en la basura porque no alcanza a comer y se descompone.


Yo sé que tú estarás pensando en que mi amigo no tiene dinero y por eso busca la más barata y la de oferta, pero aquí no se trata de si tienes o no tienes los recursos, sino de la actitud frente a la abundancia y la energía con la cual sustentas tu relación con el mundo material y el dinero.


¿Te realizaste esa pregunta alguna vez? ¿lo sustentas en la escasez? ¿en el miedo? ¿la culpa? ¿la vergüenza?

Si sustentas la relación con el dinero en esas memorias, solo atraerás más escasez. Recuerda que el Universo “lee” esas energías en tu campo electromagnético y te envía más experiencias de vida que tienen que ver con esas memorias.


Imagina que el Universo es la mejor esposa o esposo que existe y que a todo lo que le pides te dice “si querida o si querido”. Entonces si tú tienes “escasez” en tu campo, el Universo te dice “si querida/o, te envío más escasez”. La clave está en cambiar las memorias de escasez por las de abundancia.


En cambio, si tu relación con el dinero y con el mundo material en general lo sustentas en la energía de la confianza, por ejemplo, atraerás más situaciones de abundancia.


Siguiendo con los asados, nos ha pasado de que la carne que compramos termina siendo incomible. La terminan comiendo los 4 perros que Francisco tiene en su casa. Ellos felices y nosotros por ellos, pero terminamos comiendo otra cosa.


Darte lo más barato, pudiendo pagar lo que te gusta es un acto de falta de mérito, baja auto estima, miedo, etc.


Acá es importante el “pudiendo pagar”, porque tampoco se trata de endeudarte para comprar, sino de colocar en tu campo energético (la energía de tu campo también sostiene las cosas materiales) lo que puedas sostener.


El equilibrio es el factor para tener en cuenta. Hay muchas cosas que me gustaría y puedo pagar, pero no estoy dispuesta a pagar por eso.

¡Hay cosas que ni en oferta compraría! Por ejemplo, un reloj, es un artículo por el cuál no pagaría porque no uso, por más que la compañía que fabrica mi teléfono celular y mi computadora insistan en que el reloj junto con el teléfono y los auriculares inalámbricos me cambiarán la vida.


¡Es tan agradable tener consciencia al momento de comprar!


Toma consciencia en cuál energía estás sustentando tus decisiones. La confianza es la mejor señal.

La necesidad emocional, la culpa o la tristeza son las emociones más limitantes al momento de comprar.


Hablando con una amiga de nuestras experiencias comprando lo más barato, me contó una experiencia de la cuál todavía trae las secuelas.

Tenía en su casa parte de su familia viviendo por unos meses. Se sentía invadida, agotada, frustrada y culpable por sentir todas esas cosas.

Era tal su desesperación que una tarde no aguantó más y se fue a una tienda de venta de muebles y se compró dos sillones de un cuerpo.

Compró los más baratos, porque le dio “miedo” gastar plata en los sillones que a ella más le habían gustado. La diferencia de valores no era mucha, ella calcula que los de su gusto valían uno 20 por ciento más.

Los podía pagar, pero, así y todo, lo hizo: compró los más baratos en lugar de comprar los que le gustaban.

Llegó a su casa con los sillones y no le gustaron como quedaron en el lugar donde los puso.

Mientras decidía si cambiarlos o no, en medio de todas esas energías de desesperación, invasión, culpa, tristeza, frustración, su hermano más pequeño que en ese momento era adolescente, se acerca a ver los sillones de cerca con un hot dog repleto de mayonesa en la mano.

Si, así como lo imaginas, y cómo escena de película tragicómica, la salchicha con la mayonesa se cayó en el asiento de uno de los sillones.

Sacar la comida fue empeorando la situación. La marca que dejó el aceite de la mayonesa nunca la pudo sacar. Tampoco pudo cambiar los sillones. Sacar la mancha y cambiar el tapizado es tan costoso que no lo quiere hacer.

Siempre se arrepiente de haber comprado con esa energía esos sillones.


Está convencida de que si hubiera ido con otra “onda” nada de eso hubiera sucedido.


La vida es sabia. Siempre te da lo que necesitas, y te saca todo lo que ya no necesitas para tu evolución.

Y también es muy sabia en enviarte señales para que te des cuenta de las cosas.

Si hay algo que no te quedó claro, la vida se encarga de entregarte la “versión exagerada” para que la puedas ver.


¿Qué puedes hacer cuando te das cuenta de que “metiste la pata” con algo? Compensarte. Darte algo que te guste y te haga feliz: compartir un encuentro con alguien a quien amas; cocinarte algo que te guste; tomarte un tiempo para ti si hace mucho que no lo haces; y también realizar este ejercicio tan reparador: mirarte a los ojos frente a un espejo y decirte “estás aprendiendo”.

Siempre estás aprendiendo. En la vida no hay errores, solo posibilidades de aprendizaje.


“Estás aprendiendo”, es una de las frases más sanadoras que he encontrado para mí.


Déjate fluir con la vida. No te castigues por los supuestos “errores”.

Todo lo que sucede en tu vida es para aprender a vivir en abundancia.

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